Ricardo Palma - Nació en Lima, Perú, el 7 de febrero de 1833. Famoso por sus Tradiciones peruanas pero también fue poeta e historiador. Su producción literaria convencional queda desplazada por relatos cortos que narran en forma satírica y plagada de giros castizos las costumbres de la Lima virreinal. Empiezan a ser publicados en prensa bajo el nombre de Tradiciones. Este estilo de cuadro de costumbres lo inscribe dentro de lo que podría considerarse Romanticismo peruano.

Tradiciones Peruanas

Tradiciones Peruanas
Ricardo Palma

lunes, 10 de septiembre de 2007

La muerte del factor - Tradiciones Peruanas, Segunda Serie

La muerte del factor

Crónica de la época del primer virrey del Perú

Cuando en 1534 regresó de España Hernando Pizarro, trayendo para su hermano el título de marqués, vino con él un hidalgo, natural de Talavera, nombrado por el rey factor del Perú. Llamábase el hidalgo Illán Suárez de Carbajal, era hombre de poco más de treinta años, de gentil persona, y según un cronista, muy entendido en letras y números.

El marqués lo recibió con gran deferencia, y en breve se estrechó entre ambos la más franca amistad. D. Francisco puso a su nuevo amigo al corriente de los sucesos, y lo comisionó para que pasase al Cuzco a conferenciar con Almagro el Viejo, dándole más tarde igual encargo en la famosa y desleal entrevista de Mala. Mucho trabajó D. Illán para alcanzar un buen acuerdo; pero la doblez de los Pizarro inutilizó sus esfuerzos.

Pizarro confirió después al factor el mando de una expedición destinada a someter al inca Manco, que con numerosa hueste de indios se hallaba en las alturas de los Andes. Engañado por los informes de un espía, envió Illán una noche al capitán Villadiego con treinta hombres para que se apoderase por sorpresa de la persona de Manco pero éste, prevenido de la trama, batió a los españoles, muriendo Villadiego y más de veinte de sus soldados.

Relevado Illán del mando, regresó al Cuzco, donde escribió al marqués que se cuidase mucho de los de Chile. Pasó después a Lima, y en el mismo día del asesinato de Pizarro, fue reducido a prisión por los parciales de Almagro el Mozo. Al retirarse éste de Lima condujo, siempre presos, a Suárez de Carbajal y otros; mas en Jauja los puso en libertad.

Vaca de Castro envió a Lima al bachiller Juan Vélez de Guevara con el carácter de teniente gobernador. Pero Illán Suárez y los regidores se negaron a reconocerlo y le rompieron la vara en pleno Cabildo, quejosos de que el nombramiento se hubiese hecho en persona recién llegada al Perú. Aunque Vaca de Castro tuvo noticia del desacato, no quiso usar de rigor, limitándose a reprender con suavidad, a los motinistas. Verdad es que esto aconteció cuando ya se tenía noticia de la llegada a Panamá del virrey Blasco Núñez.

El Cabildo nombró a Illán para ir hasta Trujillo a recibir y felicitar al nuevo representante de la corona; mas en Huaura se informó de la severidad con que venía el virrey, quitando repartimientos y realizando otros actos de justicia, y entonces resolvió regresarse, escribiendo antes a su hermano lo poco que tenían que esperar de Blasco Núñez; y que pues les había de quitar los indios, especialmente a él como a oficial real, procurase convertir en dinero toda su hacienda para regresarse a España, antes que las disposiciones del virrey pudiesen dañarlos en sus intereses. Súpolo Blasco Núñez, y desde entonces vio de mal ojo a Illán Suárez. Así cuando el 15 de mayo de 1544 recibió en palacio la visita de los notables de Lima, al abrazar a Illán, con quien se conocía desde España, le dijo: «Siento que seáis vos de los pocos a quienes no podré hacer bien ni merced alguna».

Del breve gobierno de este virrey no hay más noticia digna de consignarse que la del recibimiento del sello real en Lima. La ceremonia fue solemne. «El sello -dice un cronista- fue paseado en una caja sobre un caballo, cuyo caparazón era de terciopelo carmesí con franjas de oro. El caballo, llevado del diestro por un regidor de Cabildo, iba bajo palio de brocado, sosteniendo las varas los demás regidores. Detrás iban el virrey y los cuatro oidores que con él llegaron a España para establecer la Real Audiencia».

Viendo venir los sucesos y la rebelión de Gonzalo Pizarro, Suárez de Carbajal se mantuvo se mantuvo fiel a la causa del rey, y aun escribió a su hermano que no se comprometiese con los revolucionarios. Pero la impopularidad y los desaciertos de Blasco Núñez eran el mejor auxiliar de la revolución.

Una noche, entre otros vecinos, se escaparon de Lima dos sobrinos de Illán Suárez que vivían en la misma casa de del factor, el cual ignoraba que sus parientes se hallasen tan ligados a la causa revolucionaria. Al saberlo el virrey, hizo sacar a Illán de la cama y le dijo:

-¡Traidor! Has enviado a tus sobrinos donde los rebeldes.

-No soy traidor, sino tan buen y tan leal servidor del rey como vos -le contestó Carbajal sin inmutarse.

Exaltado el virrey con estas palabras, hirió con su daga en el pecho al factor, y ordenó a uno de sus criados que lo acabase de matar.

El asesinato alevoso cometido en la persona de Illán Suárez puso colmo a la exasperación pública, y por todas partes brotaron las chispas que debían producir para el virrey la catástrofe de Iñaquito.

Ganada la batalla por Gonzalo, Benito Suárez de Carbajal, hermano del factor Illán, encontró en el campo al virrey, cubierto de heridas, y después de abofetearlo, je hizo cortar la cabeza por un negro, la condujo arrastrando a la cola de su caballo hasta la plaza de Quito y la colocó en la picota. Gonzalo desaprobó la conducta ruin de Benito, y mandó dar sepultura y hacer honras fúnebres a su vencido adversario.

Así fue vengada la muerte del factor Illán Suárez de Carbajal. , ,

No hay comentarios:

Etiquetas

Tradiciones Peruanas Cuarta Serie Tercera Serie Segunda Serie Primera Serie Ricardo Palma Quinta Serie Buena laya de fraile A iglesia me llamo A la cárcel todo Cristo A nadar Aceituna una Al hombre por la palabra Altivez de limeña Amor de madre Beba Bolívar y el cronista Calancha Cada uno manda en su casa Capricho de limeña Carta canta Chacara Ciento por uno Con días y ollas venceremos Conversión de un libertino Cortar el revesino Cosas de frailes De asta y rejón De potencia a potencia Desdichas de Pirindín Después de Dios Quirós Don Dimas de la Tijereta Dos millones Dónde y cómo el diablo perdió el poncho El Cristo de la Agonía El Manchay-Puito El Nazareno El Peje chico El Rey del Monte El alcalde de Paucarcolla El alma de Tuturuto El alma de fray Venancio El caballero de la Virgen El cigarrero de Huacho El corregidor de Tinta El cáliz de Santo Toribio El encapuchado El fraile y la monja del Callao El justicia mayor de Laycacota El latín de una limeña El mejor amigo... un perro El ombligo de nuestro padre Adán El primer cónsul inglés El puente de los pecadores El que pagó el pato El resucitado El tamborcito del pirata El verdugo real del Cuzco El virrey de la adivinanza El virrey de los milagros Esquive vivir en Quive Feliz barbero Franciscanos y jesuitas Genialidades de la Perricholi Hermosa entre las hermosas Ijurra No hay que apurar la burra Johán de la Coba Justicia de Bolívar Justos y pecadores La achirana del Inca La casa de Pilatos La casa de Pizarro La conspiración de la saya y manto La desolación de Castrovirreina La emplazada La endemoniada La faltriquera del Diablo La fiesta de San Simón Garabatillo La fruta del cercado ajeno La fundación de Santa Liberata La gatita de Mari-Ramos que halaga con la cola y araña con las manos La gruta de las maravillas La investidura del hábito de Santiago La llorona del Viernes Santo La misa negra La monja de la llave La muerte del factor La niña del antojo La revolución de la medallita La sandalia de Santo Tomás La trenza de sus cabellos Las Orejas del Alcalde Las cayetanas Las querellas de Santo Toribio Las tres puertas de San Pedro Los Caballeros de la Capa Los alcaldes de Arica Los amantes de real orden Los apóstoles y la Magdalena Los argumentos del corregidor Los azulejos de San Francisco Los duendes del Cuzco Los endiablados Los malditos Los pasquines del bachiller Pajalarga Los polvos de la condesa Los refranes mentirosos Los tesoros de Catalina Huanca Lucas el sacrílego Monja y cartujo Mosquita muerta Muerte en vida Mujer y Tigre Más malo que Calleja Nadie se muere hasta que Dios quiere No hay mal que por bien no venga Oficiosidad no agradecida Palabra suelta no tiene vuelta Palla-Huarcuna Pan Pancho Sales el verdugo Pepe Bandos Por beber en copa de oro Por una misa Predestinación Prologuito de ordenanza Pues bonita soy yo Puesto en el burro... aguantar los azotes Quizá quiero Racimo de horca Rudamente Sabio como Chavarría San Antonio de Montesclaros Santiago Volador Tabaco para el rey Tras la tragedia el sainete Traslado a Judas Tres cuestiones históricas sobre Pizarro Un caballero de hábito Un camarón Un capítulo de frailes Un cuociente inverosímil Un escudo de armas Un litigio original Un predicador de lujo Un proceso contra Dios Un pronóstico cumplido Un reo de inquisición Un tesoro y una superstición Un virrey hereje y un campanero bellaco Un virrey y un arzobispo Una aventura del virrey-poeta Una carta de indias Una excomunión famosa Una frase salvadora Una moza de rompe y raja Una tarjeta de visita Una trampa para cazar ratones Una vida por una honra la Castellanos mañosamente padre peces pulidamente que le da la vida... queso y raspadura quizá no quiero