Ricardo Palma - Nació en Lima, Perú, el 7 de febrero de 1833. Famoso por sus Tradiciones peruanas pero también fue poeta e historiador. Su producción literaria convencional queda desplazada por relatos cortos que narran en forma satírica y plagada de giros castizos las costumbres de la Lima virreinal. Empiezan a ser publicados en prensa bajo el nombre de Tradiciones. Este estilo de cuadro de costumbres lo inscribe dentro de lo que podría considerarse Romanticismo peruano.

Tradiciones Peruanas

Tradiciones Peruanas
Ricardo Palma

sábado, 8 de diciembre de 2007

Cháchara - Tradiciones Peruanas - Tercera Serie

Dios te guarde, lector, que asaz benévolo
acoges de mi pluma baladí
las tristes producciones, que algún émulo
dirá pueden arder en un candil.

Muy poco me ha picado la tarántula
que llaman los humanos vanidad.
Yo escribo... porque sí -razón potísima,
tras ella las demás están de más.

El hombre no ha de ser como los pájaros,
que vuelan sin dejar su huella en pos.
¿Quién sube si me espera fama póstuma?
De menos ¡vive Dios! nos hizo Dios.

Yo sé que no se engaña, ¡voto al chápiro!,
de botones adentro un escritor,
y sé que mis leyendas humildísimas
no pueden hacer sombra a ningún sol.

¡Y hay tantos soles en mi patria espléndida,
y tanto y tanto genio sin rival!...
Por eso yo, que peco de raquítico.
les dejé el paso franco y me hice atrás.

Y pues ninguno en la conseja histórica
quiso meter la literaria hoz,
yo me dije: -señores, sin escrúpulo
aquí si que no peco, aquí estoy yo.

Fue mi embeleso, desde que era párvulo,
más que en el hoy vivir en el ayer;
y en competencia con las ratas pérfidas,
a roer antiguallas me lancé.

¡Cuánto es mejor vivir, dijo un filósofo,
en los tiempos que fueron! -Gran vendad.
Lector, si no te aburres con mi plática
permíteme la murria desfogar.

Tantas, en el presente, crudelísimas,
amargas decepciones coseché
que, a escribirlas, el alma por la péñola
gota tras gota destilara hiel.

Pero, a fe, que importárale un carámbane
al egoísta mundo mi aflicción,
y yo no quiero dar el espectáculo
de poner en escena mi dolor.

Y ya en prosa, ya en verso, de mi gárrula
pluma, años hace, no se escapa un ¡ay!
y para enmascarar mi pobre espíritu
recurro de la broma al antifaz.

Dejémonos de obtusos y rectángulos...
¿Quién no lleva en el alma espinas mil?
Toda, toda existencia es un epigrama
cupo chiste mejor está en morir.

Y el mundo que es del oropel idólatra,
que no ve más allá de su nariz,
dice, atendiendo a mi festiva cháchara:
-¡Pues, señor, este prójimo es feliz!

Dice bien. Cuando luce en los periódicos
tanto dolor rimado, en puridad
que ganas dan de contestar al pánfilo:
-Péguese un tiro y déjenos en paz.
—8→

Y luego, ¿qué provecho, en buen análisis,
saca la sociedad de que a un malsín
lo engañe una pindonga semitísica,
dando a otro quídam el ansiado sí?

¿A qué nos viene usted contando algórgoras
que a su almohada no más debe contar?
No estamos para lágrimas, y rásquese,
mi amigo, si le pica el alacrán.

¿Ni qué nos va ni viene en el intríngulis
de esos que dicen llenos de candor:
-Cruzo de la existencia por el báratro
más dolorido que el doliente Job?

¿No es tontuna quejarse porque un mísero
encuentre, en el amor y en la amistad,
escondido un almácigo de víboras?
Esas cosas son viejas como Adán.

Precisamente los que vierten lágrimas
en el papel, en mi concepto, son
contrabandistas del pesar, ridículos
histriones que remedan el dolor.

Basta. En buena hora sigan los románticos
lanzando de gemidos un tropel:
para mí, el mundo pícaro es poético,
poco en el hoy y mucho en el ayer.

En la que se halla lejos, un magnético
hechizo encuentra siempre el corazón;
pues dóranlo las luces de un crepúsculo
más bello que del alba el arrebol...

¡Oh! Dejadme vivir con las fantásticas
o reales memorias de otra edad,
y mamotretos compulsar solícito,
y mezclar la ficción con la verdad.

Y evocar a los muertos de sus túmulos,
y sacar sus trapillos a lucir,
y narrar sus historias, ya ridículas,
ya serias, ya con brillo o sin barniz.

Que en el siglo presente y los pretéritos
siempre irán en consorcio el bien y el mal,
y si en éstos de malo hubo muchísimo,
en el otro de bueno mucho no hay.

Esta serie tercera (y tal vez última,
por si no hallo más paño en qué cortar)
va tus manos, lector, sin grandes ínfulas:
no finco en ella presunción ni plan.

Ni aguardo que a mis nietos algún dómine
ha de enseñar el Christus abecé
en mis libros, y digan los muy títeres:
-¡Vaya, mucho nombre nuestro abuelo fue!

Mis libros piedrecillas son históricas
que llevo de la patria ante el altar.
He cumplido un deber. Saberlo bástame,
otros vendrán después: -mejor lo harán.

Lima, mayo de 1875

Ricardo Palma , ,

No hay comentarios:

Etiquetas

Tradiciones Peruanas Cuarta Serie Tercera Serie Segunda Serie Primera Serie Ricardo Palma Quinta Serie Buena laya de fraile A iglesia me llamo A la cárcel todo Cristo A nadar Aceituna una Al hombre por la palabra Altivez de limeña Amor de madre Beba Bolívar y el cronista Calancha Cada uno manda en su casa Capricho de limeña Carta canta Chacara Ciento por uno Con días y ollas venceremos Conversión de un libertino Cortar el revesino Cosas de frailes De asta y rejón De potencia a potencia Desdichas de Pirindín Después de Dios Quirós Don Dimas de la Tijereta Dos millones Dónde y cómo el diablo perdió el poncho El Cristo de la Agonía El Manchay-Puito El Nazareno El Peje chico El Rey del Monte El alcalde de Paucarcolla El alma de Tuturuto El alma de fray Venancio El caballero de la Virgen El cigarrero de Huacho El corregidor de Tinta El cáliz de Santo Toribio El encapuchado El fraile y la monja del Callao El justicia mayor de Laycacota El latín de una limeña El mejor amigo... un perro El ombligo de nuestro padre Adán El primer cónsul inglés El puente de los pecadores El que pagó el pato El resucitado El tamborcito del pirata El verdugo real del Cuzco El virrey de la adivinanza El virrey de los milagros Esquive vivir en Quive Feliz barbero Franciscanos y jesuitas Genialidades de la Perricholi Hermosa entre las hermosas Ijurra No hay que apurar la burra Johán de la Coba Justicia de Bolívar Justos y pecadores La achirana del Inca La casa de Pilatos La casa de Pizarro La conspiración de la saya y manto La desolación de Castrovirreina La emplazada La endemoniada La faltriquera del Diablo La fiesta de San Simón Garabatillo La fruta del cercado ajeno La fundación de Santa Liberata La gatita de Mari-Ramos que halaga con la cola y araña con las manos La gruta de las maravillas La investidura del hábito de Santiago La llorona del Viernes Santo La misa negra La monja de la llave La muerte del factor La niña del antojo La revolución de la medallita La sandalia de Santo Tomás La trenza de sus cabellos Las Orejas del Alcalde Las cayetanas Las querellas de Santo Toribio Las tres puertas de San Pedro Los Caballeros de la Capa Los alcaldes de Arica Los amantes de real orden Los apóstoles y la Magdalena Los argumentos del corregidor Los azulejos de San Francisco Los duendes del Cuzco Los endiablados Los malditos Los pasquines del bachiller Pajalarga Los polvos de la condesa Los refranes mentirosos Los tesoros de Catalina Huanca Lucas el sacrílego Monja y cartujo Mosquita muerta Muerte en vida Mujer y Tigre Más malo que Calleja Nadie se muere hasta que Dios quiere No hay mal que por bien no venga Oficiosidad no agradecida Palabra suelta no tiene vuelta Palla-Huarcuna Pan Pancho Sales el verdugo Pepe Bandos Por beber en copa de oro Por una misa Predestinación Prologuito de ordenanza Pues bonita soy yo Puesto en el burro... aguantar los azotes Quizá quiero Racimo de horca Rudamente Sabio como Chavarría San Antonio de Montesclaros Santiago Volador Tabaco para el rey Tras la tragedia el sainete Traslado a Judas Tres cuestiones históricas sobre Pizarro Un caballero de hábito Un camarón Un capítulo de frailes Un cuociente inverosímil Un escudo de armas Un litigio original Un predicador de lujo Un proceso contra Dios Un pronóstico cumplido Un reo de inquisición Un tesoro y una superstición Un virrey hereje y un campanero bellaco Un virrey y un arzobispo Una aventura del virrey-poeta Una carta de indias Una excomunión famosa Una frase salvadora Una moza de rompe y raja Una tarjeta de visita Una trampa para cazar ratones Una vida por una honra la Castellanos mañosamente padre peces pulidamente que le da la vida... queso y raspadura quizá no quiero