Ricardo Palma - Nació en Lima, Perú, el 7 de febrero de 1833. Famoso por sus Tradiciones peruanas pero también fue poeta e historiador. Su producción literaria convencional queda desplazada por relatos cortos que narran en forma satírica y plagada de giros castizos las costumbres de la Lima virreinal. Empiezan a ser publicados en prensa bajo el nombre de Tradiciones. Este estilo de cuadro de costumbres lo inscribe dentro de lo que podría considerarse Romanticismo peruano.

Tradiciones Peruanas

Tradiciones Peruanas
Ricardo Palma

sábado, 8 de diciembre de 2007

Por beber en copa de oro - Tradiciones Peruanas - Tercera Serie

El pueblo de Tintay, situado sobre una colina del Pachachaca, en la provincia de Aymaraes, era en 1613 cabeza del distrito de Colcabamba. Cerca de seis mil indios habitaban el pueblo, de cuya importancia bastará a dar idea el consignar que tenía cuatro iglesias.

El cacique de Tintay cumplía anualmente por enero con la obligación de ir al Cuzco, para entregar al corregidor los tributos colectados, y su regreso era celebrado por los indios con tres días de ancho jolgorio.

En febrero de aquel año volvió a su pueblo el cacique muy quejoso de las autoridades españolas, que lo habían tratado con poco miramiento. Acaso por esta razón fueron más animadas las fiestas; y en el último día, cuando la embriaguez llegó a su colmo, dio el cacique rienda suelta a su enojo con estas palabras:

-Nuestros padres hacían sus libaciones en copas de oro, y nosotros, hijos degenerados, bebemos en tazas de barro. Los viracochas son señores de lo nuestro, porque nos hemos envilecido hasta el punto de que en nuestras almas ha muerto el coraje para romper el yugo. Esclavos, bailad y cantad al compás de la cadena. Esclavos, bebed en vasos toscos, que los de fino metal no son para vosotros.

El reproche del cacique exaltó a los indios, y uno de ellos, rompiendo la vasija de barro que en la mano traía, exclamó:

-¡Que me sigan los que quieran beber en copa de oro!
—13→

El pueblo se desbordó como un río que sale de cauce, y lanzándose sobre los templos, se apoderó de los cálices de oro destinados para el santo sacrificio.

El cura de Tintay, que era un venerable anciano, se presentó en la puerta de la iglesia parroquial con un crucifijo en la mano, amonestando a los profanadores e impidiéndoles la entrada. Pero los indios, sobrexcitados por la bebida, lo arrojaron al suelo, pasaron sobre su cuerpo, y dando gritos espantosos penetraron en el santuario.

Allí, sobre el altar mayor y en el sagrado cáliz, cometieron sacrílegas profanaciones.

Pero en medio de la danza y la algazara la voz del ministro del altísimo vibró tremenda, poderosa, irresistible, gritándoles:

-¡Malditos! ¡Malditos! ¡Malditos!

La sacrílega orgía se prolongó hasta media noche, y al fin, rendidos de cansancio, se entregaron al sueño los impíos.

Con el alba despertaron muchos sintiendo las angustias de una sed devoradora, y sus mujeres e hijos salieron a traer agua de los arroyos vecinos.

¡Poder de Dios! Los arroyos estaban secos.

Hoy (1880) es Tintay una pobre aldea de sombrío aspecto con trescientos cuarenta y cuatro vecinos, y sus alrededores son de escasa vegetación. El agua de sus arroyos es ligeramente salobre y malsana para los viajeros.

Entre las ruinas y perfectamente conservada encontrose en 1804 una efigie del Señor de la Exaltación, a cuya solemne fiesta concurren el 14 de septiembre los creyentes de diez leguas a la redonda. , ,

No hay comentarios:

Etiquetas

Tradiciones Peruanas Cuarta Serie Tercera Serie Segunda Serie Primera Serie Ricardo Palma Quinta Serie Buena laya de fraile A iglesia me llamo A la cárcel todo Cristo A nadar Aceituna una Al hombre por la palabra Altivez de limeña Amor de madre Beba Bolívar y el cronista Calancha Cada uno manda en su casa Capricho de limeña Carta canta Chacara Ciento por uno Con días y ollas venceremos Conversión de un libertino Cortar el revesino Cosas de frailes De asta y rejón De potencia a potencia Desdichas de Pirindín Después de Dios Quirós Don Dimas de la Tijereta Dos millones Dónde y cómo el diablo perdió el poncho El Cristo de la Agonía El Manchay-Puito El Nazareno El Peje chico El Rey del Monte El alcalde de Paucarcolla El alma de Tuturuto El alma de fray Venancio El caballero de la Virgen El cigarrero de Huacho El corregidor de Tinta El cáliz de Santo Toribio El encapuchado El fraile y la monja del Callao El justicia mayor de Laycacota El latín de una limeña El mejor amigo... un perro El ombligo de nuestro padre Adán El primer cónsul inglés El puente de los pecadores El que pagó el pato El resucitado El tamborcito del pirata El verdugo real del Cuzco El virrey de la adivinanza El virrey de los milagros Esquive vivir en Quive Feliz barbero Franciscanos y jesuitas Genialidades de la Perricholi Hermosa entre las hermosas Ijurra No hay que apurar la burra Johán de la Coba Justicia de Bolívar Justos y pecadores La achirana del Inca La casa de Pilatos La casa de Pizarro La conspiración de la saya y manto La desolación de Castrovirreina La emplazada La endemoniada La faltriquera del Diablo La fiesta de San Simón Garabatillo La fruta del cercado ajeno La fundación de Santa Liberata La gatita de Mari-Ramos que halaga con la cola y araña con las manos La gruta de las maravillas La investidura del hábito de Santiago La llorona del Viernes Santo La misa negra La monja de la llave La muerte del factor La niña del antojo La revolución de la medallita La sandalia de Santo Tomás La trenza de sus cabellos Las Orejas del Alcalde Las cayetanas Las querellas de Santo Toribio Las tres puertas de San Pedro Los Caballeros de la Capa Los alcaldes de Arica Los amantes de real orden Los apóstoles y la Magdalena Los argumentos del corregidor Los azulejos de San Francisco Los duendes del Cuzco Los endiablados Los malditos Los pasquines del bachiller Pajalarga Los polvos de la condesa Los refranes mentirosos Los tesoros de Catalina Huanca Lucas el sacrílego Monja y cartujo Mosquita muerta Muerte en vida Mujer y Tigre Más malo que Calleja Nadie se muere hasta que Dios quiere No hay mal que por bien no venga Oficiosidad no agradecida Palabra suelta no tiene vuelta Palla-Huarcuna Pan Pancho Sales el verdugo Pepe Bandos Por beber en copa de oro Por una misa Predestinación Prologuito de ordenanza Pues bonita soy yo Puesto en el burro... aguantar los azotes Quizá quiero Racimo de horca Rudamente Sabio como Chavarría San Antonio de Montesclaros Santiago Volador Tabaco para el rey Tras la tragedia el sainete Traslado a Judas Tres cuestiones históricas sobre Pizarro Un caballero de hábito Un camarón Un capítulo de frailes Un cuociente inverosímil Un escudo de armas Un litigio original Un predicador de lujo Un proceso contra Dios Un pronóstico cumplido Un reo de inquisición Un tesoro y una superstición Un virrey hereje y un campanero bellaco Un virrey y un arzobispo Una aventura del virrey-poeta Una carta de indias Una excomunión famosa Una frase salvadora Una moza de rompe y raja Una tarjeta de visita Una trampa para cazar ratones Una vida por una honra la Castellanos mañosamente padre peces pulidamente que le da la vida... queso y raspadura quizá no quiero